Joseph Ratzinger, su vida antes de ser Benedicto XVI

VATICANO. – Nació un 16 de abril de 1.927, en el pueblo bávaro de Marktl, junto al río Inn. Era Sábado Santo. Fue bautizado al día siguiente de su nacimiento, como Joseph Aloysius Ratzinger, con el agua recién bendecida en la víspera pascual, por ese entonces celebrada en la mañana. Este hecho fue considerado premonitorio y permaneció con cariño en la memoria de su familia profundamente católica, por ser el primero en recibir estas aguas.

 


Él mismo lo describe como un hecho “muy grato para mí”, que “mi vida estuviese ya desde un principio inmersa en el misterio pascual, lo que no podía ser más que un signo de bendición”. Con el correr del tiempo analizó este acontecimiento y consideró que encaminarnos constantemente hacia la Pascua, esperándola siempre, aún sin estar gozando de la luz plena es una característica esencial del ser humano. 

Los recuerdos de sus primeros años están desdibujados. Era aún muy niño, cuando por razones de trabajo de su padre, Joseph Ratzinger, oficial de la policía rural, debieron abandonar la ciudad de Marktl. Sus dos hermanos mayores Georg y María, se encargaron de describirle aquellos gélidos días, cuando entre la nieve y el cielo parecía no haber línea divisoria alguna. Además políticamente tampoco fue una etapa fácil. Los paros, las indemnizaciones de guerra que azotaban la economía alemana, el enfrentamiento de partidos y las enfermedades, hacían particularmente difícil la vida.
 
Pero no todo era gris en la católica Marktl. La constante cooperación existente entre las familias y las fiestas en la comunidad eclesial, matizaban dulcemente los pesares cotidianos. Al encontrarse cerca del santuario mariano de Altótting –muy conocido en el período carolingio -, concurrían asiduamente a visitarlo. 

Recuerda que vivió allí, el sencillo y humilde portero Conrado de Parzham, luego beatificado y canonizado. Con el tiempo llamaría la atención de Joseph, el hecho de que en una época donde imperaba la razón, personas sencillas como el hermano Conrado y Bernardette en Lourdes, irrumpieran en el mundo para exaltar la grandeza de Dios, pues es en su simplicidad, donde ésta se manifiesta con todo su esplendor. 

Subyugado por la belleza medieval 

Su segundo hogar fue la ciudad medieval de Tittmoning, pequeña y colindante con Austria. Contaba con una antigua plaza rodeada de imponentes construcciones burguesas, donde alegres fuentes salpicaban sus aguas en una constante danza. La impronta de la Navidad se plasmaba en los vistosos escaparates de las tiendas, y al mirarlas, Joseph sentía que jamás podría olvidar esa sensación.
 
Concurrían con su madre María Rieger y sus hermanos a casa de una vecina, cuyo pesebre era tan grande que abarcaba casi toda la dimensión de la vivienda, Para celebrar la Semana Santa, entre el Viernes Santo y el Domingo de Pascua se erigía un Santo Sepulcro, cuyas flores y luces de colores, “nos ayudaba a sentir próximo el misterio de la Muerte y Resurrección, a percibirlo con nuestros sentidos internos y externos, mucho antes que cualquier intento de comprensión racional “, relata. 

A menudo se disponían a dar largos paseos con destino a un barroco santuario en la colina, sobre el valle del río Salzach, llamado capilla de Ponlach. Corrían por la ladera de la montaña con sus hermanos, mientras la cascada los acompañaba con su melodía. La paz que reinaba en el lugar se estampó para siempre en su ánimo sereno y observador. 

Nuevos aires en Aschau
 
El mes de diciembre del año 1.932 recién comenzaba, cuando su padre decidió que era hora de emprender un nuevo rumbo. Consideraba peligroso el constante enfrentamiento que había mantenido con los nazis. La ciudad de Aschau, junto al río Inn, les dio la bienvenida. Era un pequeño pueblo rural y al principio echaron mucho de menos el esplendor de Tittmoning. 

La tranquilidad política no tardó en ser perturbada pues Hitler asumía como canciller del Reich. En los cuatro años de vida allí, el nuevo régimen sólo se dedicó al espionaje y a controlar a los sacerdotes contrarios al nuevo régimen. Más tarde procuraron cortar el vínculo existente entre la Iglesia y la escuela, teniendo como objetivo implantar en ella la enseñanza de la nueva ideología. 

Fue en ese tiempo cuando nació la estrecha relación que lo une a la liturgia. Comenzó con la interpretación del Schott -el misal traducido al idioma alemán- y poco a poco fue comprometiéndose “con el misterioso mundo que se desarrollaba allí, en el altar, ante nosotros y para nosotros”. 

Su verdadero hogar 

Al jubilarse su padre, se mudaron a una casa de campo, cuyos orígenes se remontaban al siglo XVIII, en las afueras de Trauntein. Un prado cubierto de flores primaverales la rodeaba en un colorido abrazo. Con el tiempo su madre la convirtió en una residencia cálida y acogedora. Este fue finalmente el lugar al que llamó y sintió su hogar. El primer curso del “Bachillerato Humanístico” lo esperaba y con él, el latín y el griego se incorporaron rápidamente y sin dificultades a su vida. Primero fue su hermano el que se hizo monaguillo, y luego Joseph siguió sus pasos. Dos años le bastaron para tomar la decisión que cambiaría su existencia: ingresar al seminario menor.
 
En efecto, su espíritu fue fortaleciéndose por los acontecimientos políticos, pero fundamentalmente fue la fascinación del conocimiento de Cristo, que lo llevó a sumergirse en la Teología, el estudio de Dios y con los años, convertirse en el papa Benedicto XVI.

Por Carolina Mena Saravia
para Cristo Hoy

http://www.elintransigente.com/notas/2013/3/7/joseph-ratzinger-vida-antes-ser-benedicto-xvi-173326.asp

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