Beatificarán este fin de semana a la religiosa del Colegio del Huerto

La Congregación de las Hermanas del Huerto anunció la beatificación de la hermana María Crescencia Pérez, que tendrá lugar en Pergamino, provincia de Buenos Aires este sábado, a las 11, según lo dispuesto por la Santa Sede.

La celebración eucarística será en el Circuito El Panorámico y estará presidida por el Delegado Pontificio SER, el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos del Vaticano, quien promulgará el decreto que reconoce como beata a María Crescencia Pérez, religiosa de la Congregación de las Hijas de María Santísima del Huerto. Asistirán delegaciones de la India, Sudáfrica, Estados Unidos, Italia, España y de buena parte de América Latina donde se encuentran hermanas de la Congregación. Será la segunda beata argentina en alcanzar los altares, habiendo sido Ceferino Namuncurá el primero.

María Crescencia nació en San Martín (provincia de Buenos Aires), el 17 de agosto de 1897, quinta hija de una familia de inmigrantes gallegos, humilde y rica en fe. Fue bautizada en la Parroquia de Jesús Amoroso, hoy Catedral Jesús Buen Pastor en la diócesis de San Martín.

La enfermedad de la joven madre hizo que la familia se trasladara a Pergamino, con todos sus niños: Emilio, Antonio, María Angélica, Aída, Agustín, María Luisa y José María (los dos primeros hijos fallecieron). La mayor parte del ciclo primario lo cursó en el Hogar de Jesús, de Pergamino. También allí se recibió de maestra de labores.

La vocación religiosa de María Crescencia fue creciendo a lo largo de los años y tomó un curso definitivo el 31 de diciembre de 1915, cuando ingresó a la Congregación de las Hermanas del Huerto, en Buenos Aires. El 7 de septiembre de 1918 hizo la primera profesión de los Votos Simples, donde recibió el nombre de Crescencia, en honor a la reliquia de San Crescencio que poseía el altar de la misma capilla. Se entregó totalmente a su misión como Hija de la Caridad.

Los primeros años de su vida religiosa los dedicó a la niñez como maestra de labores y catequesis en la escuela taller junto a la casa provincial y después en el Colegio del Huerto de Buenos Aires.

También se ocupó de los enfermos en el Sanatorio Marítimo de Mar del Plata, reservado a la internación y atención de niños con tuberculosis ósea. Allí permaneció tres años, ya que su frágil salud comenzó a declinar rápida y seriamente. Sus superioras decidieron enviarla a Vallenar, en Chile, donde el clima podría ayudarla a recuperarse. Allí vivió entregada totalmente al servicio de los enfermos en un hospital que atendían las religiosas del Huerto. Cuatro años después, con verdadera piedad recibió el Santo Viático, rodeada de religiosas, y rezando las oraciones entregó su alma a Dios. Murió el 20 de mayo de 1932.

A poco de morir, en el colegio del Huerto de Quillota, a600 kilómetrosde Vallenar, estando las Hermanas reunidas percibieron una fragancia semejante al perfume de violetas, que permaneció varios días dentro de los muros del colegio. Ante este hecho inexplicable, la Superiora dijo: “Ha muerto la Hermana Crescencia”. Al rato llegó un telegrama avisando su muerte.

Cuando la comunidad del Huerto dejó Vallenar, la población no quiso que se llevasen el cuerpo de quien llamaban La santita y quedó allí 35 años, hasta que el 8 de noviembre de 1966 la Congregación dispuso el traslado de sus restos a Quillota. Al abrir el ataúd para reducir sus restos y colocarlos en una pequeña urna, encontraron su cuerpo y su hábito intactos y en perfecta conservación. Toda la ciudad de Vallenar se congregó para constatar este hecho tan singular. Se realizó nuevamente el velatorio y fue llevada a Quillota, donde descansó 17 años en la bóveda de las Hermanas.

En 1983 se trasladó su cuerpo al panteón de las Hermanas en Pergamino, Buenos Aires, hasta el 26 de julio de 1986 y con motivo de la apertura del proceso diocesano en orden a su beatificación, y se lo trasladó a la Capilla del Colegio del Huerto de esa ciudad, en la calle Hermana María Crescencia Pérez 646, siendo visitado diariamente por peregrinos de todo el país y del extranjero que veneran sus restos, piden ayuda y agradecen los favores recibidos.

El 3 de octubre de 1990 la Congregación para las Causas de los Santos abrió el proceso en Roma. El milagro que confirmó la santidad de María Crescencia, en este proceso de su beatificación, sucedió en 1997. María Sara Pane padecía hepatitis aguda, agravada por una diabetes infanto-juvenil, que obligaba a un trasplante de hígado, que de no realizarse le quedarían solo tres días de vida. Una religiosa, de visita en el Hospital Italiano porteño, le acercó una estampita con la imagen de María Crescencia a la mujer internada allí, que imploró su curación. El 2 de abril de 1997 los médicos comprobaron que la paciente estaba totalmente curada y que no era necesario ningún trasplante. El 12 de abril recibió el alta y el profesional que la atendía dijo que era la primera vez que veía que la ciencia y un milagro se habían combinado. Transcurrido el proceso canónico, el 19 de diciembre de 2011 el papa Benedicto XVI autorizó la beatificación.

 
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